miércoles, 8 de junio de 2016

El barco del Señor Thomas

La mañana era fría, el viento soplaba muy fuerte, la arena se levantaba y lograba revestir algunos botes que se encontraban en la playa. Era inusual que esto ocurriera durante el verano en las costas del Caribe, de todas formas no pareció importarle al señor Thomas, un pesquero con experiencia, nacido en La Habana pero ahora establecido en Kingston, Jamaica.
El señor Thomas tenía un pequeño navío, ideal para salir de pesca. Trabajaba junto a sus dos acompañantes, Liam y Robert, con los que salían dos veces por semana, cerca de aguas profundas, para encontrar peces y en algunas ocasiones tiburones para vender su piel a los comerciantes locales.
Esa mañana fría y ventosa, los tres marineros salieron en busca de su sustento diario, sin importarles mucho las condiciones climáticas de ese día. El señor Thomas confiaba plenamente que aquel día sería ideal para encontrar peces en mar adentro, pero más confianza tenía en su barquito.
Los pescadores de la zona les advirtieron que era peligrosa esa travesía, les sugirieron quedarse en la playa, porque su pequeño barco no iba a soportar el fuerte oleaje. De todas formas, no le importó al señor Thomas y zarpó con sus fieles acompañantes en su barquito a mar abierto.

Pasaron las horas y el clima empeoró. Los marineros no volvían y el pueblo estaba preocupado y decían que habían muerto. Más tarde, aparecieron a orillas de la playa, al este de Kingston, cargados con gran cantidad de pescado y también con joyas. La sorpresa fue notoria, entre los pescadores y el pueblo, pues el barquito soportó la tormenta y fue rumbo al este, guiado por una corriente cálida que termina en las costas de Tulum, un antiguo asentamiento Maya que no había sido descubierta hasta ese día.

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